TRUMAN
El silencio gritando

¿Cómo hacer una película que tiene como tema central la muerte y conseguir que los espectadores salgan felices de la sala del cine? Sin duda Cesc Gay ha encontrado la fórmula con Truman. Gay reúne en su última película a dos amigos de la infancia para pasar unos días inolvidables juntos por una razón: Julián (Ricardo Darín), un actor argentino exiliado que reside desde hace años en Madrid se va a ir para siempre, y quiere dejar su vida bien atada. Tomás (Javier Cámara), un matemático que trabaja en la Universidad en Canadá, decidirá estar al lado de su compañero de vida en los momentos más duros de su despedida. Un viaje de cuatro días en el que Julián intentará por todos los medios posibles encontrar un dueño digno de Truman, su perro y fiel confidente. Porque, si estás hablando de una buena amistad entre dos hombres, ¿cómo no incluir al mejor amigo de las personas? Punto para Gay.

Esa intención de normalizar todas las situaciones por parte de Julián, y esa permisividad por parte de Tomás de dejarse normalizar por parte de su amigo, son el eje central de esta muestra de naturalismo. Julián, representante de la lucha interna que un hombre puede vivir en los últimos momentos de su vida, siendo amable y a la vez descarado, siendo feliz y a la vez estando derrotado, loco y a la vez contenido, se ve enfrentado con Tomás y su seguridad constante ante la vida. Un acierto sin duda el reparto. Como lo es también la banda sonora escogida, pues aun siendo discreta, se hace notar cuando debe, aportando un plus de emotividad a la escena. Y es justo cuando esa emotividad se va a desbordar, cuando va a rozar el histrionismo, cuando aparece la fotografía del catalán Andreu Rebés impregnando la película de estabilidad y simetría. Pero, si algo destaca en Truman es la dirección realizada por Gay, marcando con silencios aquello que estos dos amigos no se pueden decir con palabras, provocando que Darín y Cámara den lugar a una reacción química que no cesa en ningún momento de la película, solucionando con gran sobriedad las situaciones ante las que se ven inmiscuidos y levantándote alguna que otra sonrisa en los momentos más tensos. Y es, en definitiva, Truman es una película donde todo está dicho y donde lo único que falta, es vivir.

de Sergio de Mingo.

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